Los suelos arenosos y francos o de limo
Continuando con los tipos de suelo según su textura, en este post hablaré de los suelos arenosos y de los francos o de limo.
Los suelos arenosos son aquéllos que están formados en su mayor parte por partículas minerales grandes, que miden entre 0,01 y 0,1 milímetros de diámetro.

Podemos saber si un suelo es arenoso llevando una muestra de tierra a analizar o mediante el método casero del cilindro de tierra, ya explicado en parte en el post dedicado a los suelos arcillosos. Amasamos tierra con un poco de agua, modelamos un cilindro de 3 milímetros de diámetro y unos 10 centímetros de longitud. Si la tierra se agrieta de tal modo que no podemos modelar el cilindro, el suelo es muy arenoso: estará formado por más de un 80 % de arena. Si no se agrieta, modelamos otro cilindro de la misma manera, pero en este caso de 1 milímetro de grosor. Si se agrieta, la tierra tendrá entre un 65 y un 80 % de arena. Si no se agrieta, volvemos con el cilindro de 3 milímetros y formamos un círculo con él, juntando sus dos extremos; en este caso, si se agrieta ya estamos ante un suelo franco-arenoso que tiene entre un 40 y un 65% de arena. Si no se agrieta, tomamos otra vez el cilindro de 1 milímetro y formamos un círculo; si se agrieta, el suelo es franco (es decir, con predominio de limo, partículas de entre 0,001 y 0,1 mm) y si no se agrieta estaremos ante un suelo arcilloso.

Los suelos arenosos drenan “demasiado bien”, por lo que hay que regarlos con frecuencia. No retienen tan bien los nutrientes como los arcillosos, con lo cual también hay que abonarlos con asiduidad. A la hora de elegir las especies que plantaremos en este tipo de suelo, nos decantaremos por las que soporten mejor la falta de humedad: plantas mediterráneas, palmeras, crasas… incluso el césped.

No obstante, el suelo arenoso siempre se puede corregir añadiéndole tierra arcillosa y turba, en la proporción que nos indique un especialista. Los suelos francos no suelen necesitar corrección.