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Aunque podemos hacerlo en cualquier momento del año, salvo cuando azota la sequía o las heladas, el otoño es una época muy recomendable para instalar el césped y hacer resiembras. La tierra conserva aún el calor acumulado en verano, lo que ayuda a un enraizamiento más rápido, al no ser tan pisoteado como meses atrás. Si presenta muchas calvas, las repararemos mediante resiembra; corregiremos la falta de densidad e introduciremos savia nueva. Antes de esto pasamos el escarificador y, después de echar las semillas, incorporamos mantillo para que resista bien el invierno.

Si nuestro macizo de flores presenta un aspecto abigarrado puede que el problema radique en una plantación muy densa, con las especies compitiendo por el espacio y los nutrientes. Podemos renovar el macizo por completo o extraer un buen número de plantas para descargarlo. Al planificar una composición siempre hay que tener en cuenta el desarrollo futuro de las plantas y separarlas convenientemente. Finalmente hay que tener en cuenta que autóctonas y exóticas no suelen casar bien, las segundas serán dominadas por las primeras, más acostumbradas a las condiciones climáticas.

Las zonas en pendiente añaden interés al jardín pero, si queremos darle un toque estético especial, es aconsejable que las revistamos con especies vegetales bellas y adecuadas. En zonas niveladas por muretes, las plantas idóneas son los arbustos, que podemos acompañar instalando pequeñas zonas de césped o vivaces tapizantes. Escogeremos para alfombrar estas superficies ejemplares que no necesiten mucha mantenimiento ni agua, como aliso, flox, aubrieta, iberis, etc. Para los taludes que suelen acompañar a las escaleras, la mejor solución es crear una rocalla a base de vivaces y aromáticas.

Un seto nos permite ganar en privacidad, pero puede tener el inconveniente de reducir la luz en la zona que protege. Para alcanzar la intimidad deseada es más recomendable una zona techada que permita pasar bien la luz. Lo mejor es un pérgola, que debemos instalar en el centro del recinto. Es el soporte idóneo para las trepadoras floridas y añadiremos altura al jardín.

Si el suelo de nuestro jardín no retiene bien los nutrientes lo más seguro es que se trate de un terreno pobre. Es necesario que incorporemos materia orgánica para mejorar su textura y fertilidad antes de plantar. Utilizamos estiércol, uno de los mejores correctores por su alta concentración en nutrientes. Hay que distribuirlo bien sobre la superficie para no sufrir quemaduras, entrecavando de manera superficial y regando al final.

Para mitigar el efecto del viento nada mejor que poner barreras naturales o artificiales. Entre las primeras, hay plantas que forman buenas pantallas protectoras: hayas, cipreses, aligustres, lilos… Entre las barreras artificiales disponemos de muchos tipos de cortavientos: muros, pantallas de madera o de ladrillo, pérgolas, cañizos, brezo, listones entrecruzados, etc. Si contamos con ejemplares jóvenes de árboles ornamentales o plantas de flor de tallos altos y delgados, como crisantemos o dalias, los aseguraremos con soportes y tutores.