Mermeladas: aprovechando la fruta de la huerta
En ocasiones, nuestros árboles frutales producen en tal cantidad que es imposible comer toda la fruta. Algunos frutos pueden almacenarse durante un tiempo, pero otros se estropean enseguida. Una buena manera de conservar nuestra fruta es hacer mermelada. Además, con la mermelada podemos aprovechar aquellas frutas que se han estropeado por una helada, o por picadas de pájaro… También podemos hacer mermelada con frutos silvestres, como las moras.

Se lava bien la fruta y, si tiene la piel muy dura, se pela. De todas formas, en la mermelada de naranja hay que cortar algunos trocitos muy pequeños de la piel y reservarlos para añadirlos a la fruta.

Se cortan los frutos en pedacitos o rodajas bastante pequeños (por ejemplo, daditos de un centímetro de lado); cuanto más pequeños sean, menos tardaremos en tener la mermelada lista. Ponemos la fruta en una olla y añadimos azúcar; la proporción puede variar: normalmente se pone la misma cantidad de fruta que de azúcar, pero yo he probado a hacerla con la mitad de azúcar que de fruta y se ha conservado igual de bien, aunque queda menos dulce, claro está.

Si la fruta que tenemos es muy acuosa, como por ejemplo las moras, va bien añadirle un poco de manzana (una parte de manzana por cada cuatro de la otra fruta ya irá bien). La manzana, al contener pectina, hace que la mermelada no nos quede líquida en exceso.

Se pone la olla con la mezcla a fuego muy muy lento y se va removiendo con bastante regularidad. La fruta se irá deshaciendo poco a poco hasta adquirir la textura de mermelada; tarda bastante, unas dos o tres horas. Pero siempre puede hacerse un poquito de trampa y pasar la batidora (sólo un momentito) cuando la mezcla ya lleve un rato cociendo. Nunca se tapa la olla, para que el agua de la fruta se evapore.

Envasaremos en tarros de cristal esterilizados (por ejemplo habiéndolos hervido durante diez minutos), los cuales cerraremos y coceremos al baño maría durante una media hora. Los sacaremos con cuidado, colocándolos sobre un trapo. Al cabo de un rato oiremos como hacen un “plop”; es la señal de que el vacío se ha efectuado correctamente.