Nenúfares en el estanque
Si tenemos la suerte de contar con un estanque en nuestro jardín, valdrá la pena que lo adornemos con nenúfares, la planta acuática más hermosa.

El nenúfar es originario de Asia y África, donde crecen de forma natural en lagunas y aguas semi-estancadas. Pertenece al género Nymphaea, dentro del cual podemos encontrar muchas especies: así, por ejemplo, hay nenúfares de clima templado o frío y nenúfares tropicales. Los de clima templado, que son los que más se adaptan a nuestras latitudes, son menos exigentes en cuidados; por ejemplo, necesitan menos nutrientes que los tropicales.

Los nenúfares suelen comprarse en macetas especiales, como de rejilla; estos recipientes permiten que entre el agua y que no salga mucha tierra, pero es mejor forrarlos con tela de arpillera (de saco), para que se pierda la menor cantidad de tierra posible. La planta necesita unos 30 centímetros de agua desde la base del tallo (es decir, donde comienza la tierra de la maceta) hacia arriba, pero los ejemplares grandes están más cómodos con 40, 50 e incluso 60 cm. Si el estanque es profundo y la planta pequeña, no se trasplantará directamente en el suelo del estanque. Lo que se puede hacer es colocar la maceta poniendo ladrillos debajo de ella, hasta que las hojas lleguen a la superficie; de todas formas, si algunas hojas quedan sumergidas no se pudrirán. A medida que la planta crece, se van retirando los ladrillos, hasta que ya alcanza la altura suficiente como para poder plantarla directamente en el suelo. De todas formas, la plantación en el suelo no es imprescindible; de hecho, es más cómodo mantenerlos en macetas para abonarlos, separar los rizomas o trasplantarlos.

La ubicación a pleno sol es la más adecuada para los nenúfares. La mejor época para plantarlos es la primavera, cuando el agua no está tan fría.