Plantación y cultivo del ‘diente de león’
Considerada como mala hierba en algunos casos y aclamada en otras ocasiones como valiosa planta medicinal, el diente de león es una de las plantas más contradictorias, siempre odiada por algunos y alabada por otros.

Si eres de los que quieren aprovechar sus múltiples beneficios medicinales, alimentarios o cosméticos ya sabes, no lo dudes más y cultiva esta utilísima planta en tu jardín.

Eso sí, necesitarás disponer de un buen jardín puesto que este ejemplar no puede ser plantado en macetas o jardineras sino sobre el terreno, donde acostumbra a crecer de forma natural. En este sentido, el diente de león (o Taraxacum officinale) no es demasiado exigente en cuanto al terreno, en el que sencillamente necesitaremos un buen drenaje y tierra fértil, fresca y de textura media.

A la hora de plantarlos deberás hacerlo en hileras, dejando una distancia de unos 5-10 centímetros entre ejemplares y a unos 2 o 3 milímetros de profundidad, pues la planta tiene un tamaño bastante reducido. Tras la plantación deberás reglarla seguidamente durante varios días para que comience a desarrollarse y aparezca alrededor de una semana más tarde. A partir de entonces deberás regarla cada dos o tres días, aproximadamente.

En cuanto al resto de condiciones, el diente de león debe estar en climas más bien frescos o templados, aunque se adapta con facilidad a la mayoría de climas del norte. A pesar de esto, la planta necesita la luz del sol para desarrollarse adecuadamente.

Aunque suele florecer durante casi todo el año, la recolección se lleva a cabo durante la primavera, cuando debemos recoger las hojas, esperar a que se sequen y después guardarlas en pequeños saquitos de tela. Las raíces se recogen a finales de verano o principios de otoño y se guardan en un recipiente herméticamente cerrado.

En cuanto al punto de vista estético de tu jardín, la planta da unas bonitas flores amarillas de aspecto salvaje.