Plantas aromáticas con colores y fragancias
Las plantas aromáticas son una opción perfecta para el jardín, pero también para los interiores del hogar. Gracias a sus colores y fragancias aportan belleza y un olor único por los aceites esenciales que generan. Además se utilizan para condimentar platos o crear todo tipo de perfumes. Respecto a su cultivo, normalmente se adaptan sin problemas a casi todos los climas y se caracterizan por una duración larga, a pesar de necesitar unos cuidados básicos.

Por ejemplo, el azafrán forma flores de color violeta que concentran en su interior unos estigmas de tono rojo-anaranjado. Es importante saber que para conseguir un kilo de azafrán, se necesitan alrededor de 150.000 flores. A pesar de eso, su cultivo es bastante sencillo. Los bulbos se plantan a finales del invierno, a unos 20 centímetros entre ellos. No necesitan demasiada profundidad. En el momento del riego hay que evitar los encharcamientos, es fundamental que el sustrato drene bien.

El romero y el orégano son de origen Mediterráneo y se forman en arbustos con flores muy aromáticas. Para cultivarlas necesitaremos comprar plantas jóvenes para jardineras, tiestos grandes o en el mismo jardín. Para su correcto desarrollo requieren sol, riego moderado y aporte de abono cada dos meses. Las hojas se pueden recolectar entre primavera y otoño.

El laurel es un conocido condimento. Crece silvestre en bastantes zonas del mediterráneo. Es una planta de tipo arbustivo, con hojas perennes de color verde oscuro y muy aromáticas, tanto como sus flores. Es preciso cultivarlo en tiestos o macetas, no soporta nada bien las heladas. El suelo debe ser rico y especialmente drenado.

El espliego o también conocido como lavanda florece en verano en zonas pedregosas. Se caracteriza por unas flores pequeñas, de un color azul violáceo y con un cáliz tubular. Sus semillas se pueden plantar durante el otoño en las zonas de clima suave y en los primeros meses de la primavera en lugares más frescos. El sustrato debe estar suelto y drenado. Soporta bien la falta de agua y en verano basta con regarla una vez a la semana, sin encharcarla. Es muy resistente, necesita mucha luz y sol directo, aunque en invierno aguanta fuerte las heladas.