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Cuando vemos hojas amarillas o marrones, flores pequeñas, crecimiento débil… es el momento de actuar. Esos síntomas de que carecen de elementos esenciales para ellas, nitrógeno, fósforo, potasio, hierro o magnesio. Por no hay que alarmarse, ya que existen productos, naturales y químicos, con los que las plantas recuperarán su fuerza y belleza. Las carencias nutricionales pueden aparecer en cualquier especie y en cualquier momento, aunque son más habituales en época de lluvias o riego continuo. Además, hay que observar que el exceso de algunos nutrientes puede acarrear la carencia de otros.

Si se quiere corregir el terreno, hay que hacer lo siguiente: el suelo ácido precisa cal en profundidad en otoño y materia orgánica en primavera. El terreno calizo, estiércol y tierra de brezo o castaño. En el suelo arcilloso conviene aplicar arena de río o materia orgánica para hacerlo menos pesado. En el arenoso hay que añadir una mezcla a base de tierra vegetal, abono, turba y compost en profundidad todos los años. El abonado es importante para evitar que las plantas padezcan carencias nutricionales. Un buen abono a base de mantillo, humus, estiércol, etc., aplicado a la salida del invierno basta para mantener el terreno fértil. En verano es necesario hacer aportaciones complementarias de elementos como nitrógeno, fósforo, potasio o hierro.

El nitrógeno favorece el crecimiento de los brotes y de las hojas. Los síntomas de carencia son el amarilleo de las hojas. Abonos nitrogenados son las leguminosas ( habas, guisantes, trébol y similares), el cuerno molido y las ralladuras de ricino. El sobreabonado de nitrógeno origina una crecimiento exuberante, tejidos esponjosos y propensión a plagas. De las plantas brotan muchas hojas, en detrimento de flores y frutos.

El potasio favorece la formación de las raíces y protege a las plantas de la desecación y de los daños de las heladas. Los síntomas de su carencia se reconocen porque el contorno de las hojas se oscurece y acaban marchitándose. Contienen abundante potasio los posos de café y el estiércol de vacuno y cerdo. Sin embargo un exceso de potasio provoca retrasos en el crecimiento y carencia de magnesio y calcio.

La señal más evidente de que a las plantas les falta hierro es el amarilleo de las hojas ( clorosis férrica). Se corrige con turba o compost de hojas. La carencia de magnesio también se manifiesta en la decoloración de las hojas. Con la escasez de cobre las puntas se secan Y la carencia de molibdeno aparece en suelo ácidos que se equilibran con algas cálcicas.