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La luz es vital para las plantas, tanto para las que se cultivan en el jardín como las de la terraza y la casa. Es el factor que más importancia tiene en el crecimiento y desarrollo de las especies. A pesar de que hay algunas plantas que prefieren la umbría, el déficit de luz es muy perjudicial. Los daños se dejan notar en las hojas, que palidecen, amarillean o presentan un color pardusco y en las flores, que modifican su tono o ni siquiera surgen. Las plantas con luz insuficiente presentan tallos de longitud desmesurada, casi incoloros y débiles y pueden morir. Pero también es malo el exceso de luz, sobre todo, de sol, que puede abrasar las hojas. La solución consiste en cambiar de lugar la planta mal iluminada. Pero lo más adecuado es darle a cada ejemplar la luz que requiere desde el primer momento.

La luz es el factor de crecimiento más importante para una planta. Con su ayuda y mediante la fotosíntesis, las especies producen los hidratos de carbono que necesitan para su buen desarrollo. La luz afecta al crecimiento e influye en la forma de la planta, en el color de sus hojas y en el desarrollo de las flores. Los procesos vitales se ralentizan si disminuye la intensidad luminosa. Aunque la cantidad de luz que una planta necesita varía según su lugar de origen y sus características, por término medio necesita entre 12 y 16 horas de luz al día. Cuanta más claridad tenga una planta, sin ser excesiva, tanto más activamente crecerá y más agua y abono soportará. Cuanto menos luz reciba, tanto menor será la dosis de los otros factores de crecimiento.

Aunque hay plantas que crecen mejor a la sombra, la mayoría exige luz fuerte, por lo que habrá que buscar los rincones más soleados, y estos son los que miran al sur o al oeste, que reciben luz por la tarde, cuando el sol da más calor. Las áreas de luz y sombra en un jardín permiten cultivar una amplia variedad de especies. En regiones con poco sol, hay que crear el mayor número posible de zonas abiertas concentrando las plantas más altas en dirección contraria al sol. En cambio, en regiones calurosas hay que ampliar la sombra plantando árboles, poniendo mallas o rejillas de sombreamiento o cultivando las plantas en una ligera depresión, donde la diferencia de nivel sombrea las especies menos exigentes.