Antes de meternos en obras, buscaremos el emplazamiento adecuado. No podremos cambiarlo de sitio y si la zona es sombría las acuáticas no sobrevivirán. Por lo tanto, lo pondremos al sol y protegido del viento. Para empezar, comprobamos que no existan redes enterradas de agua o electricidad y preveremos que llegue hasta las inmediaciones un ramal del alcantarillado para desagües. Colocamos la pileta dejando un suave desnivel en los márgenes para las especies de ribera y manteniendo una profundidad en el interior de 60-80 centímetros para las de fondo. Revestiremos el estanque con film de polietileno u hormigón y construiremos una zanja, que quedará sumergida al llenarla de agua. Aportamos sustrato y dispondremos ahí las marginales.

Si durante el verano los cuidados son mínimos, en octubre lo protegeremos con una red para evitar que caigan las hojas de los árboles. Según avance el invierno, eliminamos las plantas sumergidas y dejamos las hojas muertas de las de ribera: actuarán como protección natural. En marzo, antes de empezar a plantar, renovamos el agua del estanque en sus tres cuartas partes ( no lo vaciamos del todo) y llenamos con agua limpia.

Para la elección de plantas optaremos prioritariamente por los nenúfares. Son felices en aguas algo turbias, en cuyo fondo instalan sus poderosas raíces y extienden sus delgados rizomas para florecer, plantados a comienzos de primavera, de mayo a septiembre. Un rizoma extraído de una planta a 80 centímetros de profundidad producirá tallos que se adaptarán a nuevas profundidades, alcanzando la superficie. Ahí instalan sus hojas planas, redondas con un canal peciolar, y anchas merced a las celdillas o cámaras de aire que les permiten flora, manteniendo el peso de ranas, sapos o galápagos. Existen especies y variedades que van mejor a mayor o menor profundidad. Siempre eliminaremos las flores marchitas durante su desarrollo vegetativo y en otoño, una vez que entran en descanso invernal.

También en medio del estanque se pueden situar ejemplares de plantas sumergidas y flotantes. Las sumergidas, total o parcialmente, absorben el exceso de sales minerales del agua y eliminan a las algas, que no tienen de qué alimentarse. Potamogeton, Ranunculus y Hottonia, entre otras, producen oxígeno y aportan escondrijos a los peces, pero puede ser preciso controlarlas de vez en cuando si proliferan en exceso. El último grupo de las que rompen la lámina de agua es el de las plantas cuyas hojas flotan sobre la superficie, mientras su raíces se arrastran por debajo. Reducen la luz del fondo, inhibiendo de algún modo la presencia de algas, depuran el agua al asimilar nutrientes disueltos y embellecen el estanque con su exotismo. Ejemplos de este tipo de plantas son Hydrocharis, Stratiotes y Eichhornia.