Por qué el sabor de los tomates ya no es el que era
Los más jóvenes no sabemos apreciarlo, pero seguro que tus padres o abuelos te han dicho alguna vez que los tomates ya no saben igual que antes o, puede que tú mismo hayas tenido la suerte de descubrir el auténtico sabor de los tomates. En realidad, tus padres y abuelos no andan nada desencaminados.

Antes, los tomates se cultivaban en la huerta y se solían usar para consumo propio o para venderlos en el mercado. Se intentaba que fueran frutos sabrosos, jugosos y con ese olor tan característico. Sin embargo, a partir de los años 50 la cosa comenzó a cambiar.

Tomates rojos y brillantes

A mediados del siglo XX la forma de producir cambió, pasando de las huertas a las grandes superficies de producción intensiva, donde el productor no se preocupaba tanto por el sabor sino por la apariencia física de los tomates. Y es que se buscaban (y se siguen buscando) unos tomates rojos y brillantes que aumentaran los beneficios económicos de los productores.

Por qué el sabor de los tomates ya no es el que era

El gen GLK2

Hace unos meses unos científicos españoles descubrieron que había un gen que afectaba a la calidad del tomate: el GLK2, que regula la actividad de los cloroplastos en el fruto. Los cloroplastos son orgánulos que se encargan, entre otras cosas, de la formación de los azúcares a través de la fotosíntesis.

Un buen aspecto pero poco sabor

Como puedes imaginar, cuando cambió la forma de producir, el gen y, por tanto, el sabor del tomate, se vio afectado. En ese momento, se seleccionaron tomates con mutación uniforme, que consistían en la obtención de tomates que al madurar producían un fruto rojo uniformemente muy atractivo, pero no tuvieron en cuenta que con esta elección afectaron al gen citado anteriormente, por lo que aunque el tomate tuviera un aspecto atractivo, su sabor no era el mejor