¿Por qué podar en invierno?
Acabamos de entrar en el otoño, pero es importante tomar conciencia de las tareas que hay que realizar en el jardín durante los próximos meses, especialmente durante el invierno. Una de las cosas que habrá que hacer durante esta estación es la poda, una operación traumática que altera el desarrollo y morfología natural de las plantas y que debe realizarse con mucho cuidado.

En general, las plantas hibernan desde noviembre hasta primavera, por lo que este es el mejor momento para podarlas. Con esta operación, se vigoriza el tronco y las plantas y, además, se regula el crecimiento y se eliminan las partes dañadas o enfermas. Por supuesto, también influye la estética a la hora de utilizar las tijeras de podar.

Los árboles, arbustos, trepadoras y rosales se podan en invierno, aunque pueden hacerse intervenciones ligeras durante el resto del año para eliminar elementos indeseables como ramas secas, rotas o enfermas, ramas que estorben el paso o que hayan crecido mucho, rebrotes que hayan surgido de la misma raíz o flores y frutos pasados.

¿Por qué podar en invierno?
Hacer la poda de árboles y arbustos de hoja caduca durante el invierno es menos debilitante para las especies, ya que no se eliminan hojas y no se reduce su capacidad fotosintética. Además, la leyenda popular recomienda que los árboles, frutales, rosas y arbustos se deben podar en luna vieja o menguante para favorecer una profusión de flores y frutos. Sin embargo, si pretendes un mayor desarrollo vegetativo y crecimientos más fuertes, lo ideal es realizar la poda en luna nueva o creciente.

Podar las especies durante los meses más fríos del año tiene otras ventajas. Por ejemplo, la estructura de ramas se ve mejor sin hojas, lo que facilita la poda. Por otro lado, sale menos volumen de forraje, hay menos trabajo en el jardín y, en primavera, existe el riesgo de que las especies “sangren” mucho por los cortes.