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Si mantenemos limpio el jardín evitaremos muchos trabajos posteriores, por ejemplo los tratamientos que conllevan las plagas. Pero la mejor prevención consiste en darles los cuidados que las plantas necesitan. Las hojas secas sobre el suelo pueden mojarse con la lluvia y descomponerse, constituyendo un foco de infección y un reclamo para los parásitos. Deberemos recogerlas de forma semanal y, si queremos, utilizarlas para compostar y hacer un acolchado o enriquecedor del suelo. Los aspiradores para jardín facilitan mucho el trabajo en caso de cantidades importantes y jardines muy grandes.

Removeremos la tierra superficial de los grupos florales y el sustrato de las macetas, con el escardador o el rastrillo, al menos una vez por semana. Esta tarea oxigena las raíces y evita que el suelo se compacta y se formen peligrosos charcos tras las lluvias que atraigan a otros parásitos, musgos, hongos, o desencadenen pudriciones. Después agregaremos una capa de compost.

Los meses que van de primavera al otoño son el peor periodo para los rosales. Hay quien suele pulverizar una vez a la semana con insecticida y fungicida. No es necesario alcanzar esa frecuencia; basta con rociar cuando aparezcan los primeros signos de invasión, en el caso de insectos, aunque para muchas enfermedades ( roya, oídio, etc.) conviene hacer un rociado preventivo.

Después de cualquier poda que realicemos de ramas gruesas, no debemos olvidar aplicar una pasta hormonada que ayude a la cicatrización de la herida. Ésta es una puerta de entrada para todo tipo de enfermedades, pero sobre todo, las causadas por hongos, que en este momento actúan de manera muy activa. Si se han quedado astillas, alisaremos la superficie antes de aplicar el bálsamo.

El musgo suele asentarse en céspedes compactados, con drenaje pobre, poco fértiles o que sufren una exposición insuficiente a la luz o siegas intensas. Si es una invasión ocasional, el control pasa por aplicar un producto antimusgos. Sin embargo, si es un problema recurrente, debemos corregir las causas que lo provocan: mejorar la aireación, el drenaje y la fertilización.

Las jóvenes artemisas, áster, crisantemos y geranios se encuentran entre las apetencias del gusano gris, que roe el cuello de las plantas hasta troncharlas. Sin embargo, los suelos húmedos son ideales para la supervivencia de los de alambre. Para controlarlos, aireamos es suelo, reducimos los riegos o los cortamos del todo y aplicamos un insecticida para insectos del suelo. Practicaremos los tratamientos a ultima hora del día.