Retamas en el jardín
Pronto llegará el mes de mayo, mes en el que empiezan a florecer las retamas, alegrando con sus innumerables flores amarillas los campos silvestres. Pero la retama es también una planta que podemos tener en nuestro jardín, especialmente si vivimos en una zona de clima seco y caluroso, ya que la retama es una planta típicamente mediterránea y, como tal, está acostumbrada a soportar las sequías y los calores rigurosos de los veranos de estas latitudes.

En la península ibérica hay dos tipos predominantes de retama:

– retama blanca (Retama monosperma) – propia de la zona suroeste. Sus flores son blancas. Se utiliza mucho para fijar suelos muy arenosos, como por ejemplo dunas.

– retama amarilla o retama común – es la más extendida en nuestro país. Su nombre científico es: Retama sphaerocarpa. Es un arbusto que puede llegar a medir 3 metros, aunque es preferible podarlo, para que crezca más frondoso. La retama amarilla es de hoja caduca, por lo que en invierno no adornará nada nuestro jardín, pero vale la pena tener alguna sólo para disfrutar de la explosión de flores amarillas que lleva a cabo en primavera; su floración es tan espectacular que en los campos donde hay retama silvestre es común ver a personas cortando sus varas floridas para realizar ramos que adornarán sus casas.

La retama amarilla no pone ningún problema al tipo de suelo de nuestro jardín; se adapta fácilmente a todo, no en vano es una planta campestre. Lo que sí que le gusta es el sol, por lo cual es conveniente buscarle un rincón soleado, aunque a la sombra también prosperará (quizás no florecerá tan profusamente). Es importante ir quitándole las ramas secas, que es lo único que las puede afear cuando crecen en estado silvestre.

La retama amarilla es una planta que ha caído en el olvido, pero hasta no hace tantos años era muy utilizada: se usaba para la fabricación de escobas y también como combustible en los antiguos hornos de las panaderías: con su combustión el horno alcanzaba altas temperaturas rápidamente.