Salinidad en la tierra de cultivo
La salinidad es uno de los mayores problemas con los que nos podemos encontrar cuando cultivamos nuestras plantas, y es que el exceso de sal contenido en la tierra puede dejar improductivos los suelos de cultivo.

Entre las consecuencias de la salinización del suelo se encuentran una disminución de la capacidad de las raíces para absorber agua (efecto osmótico), toxicidad en algunos ejemplares o un desequilibrio nutricional mineral de los mismos.

Pero, ¿cómo saber si nuestro terreno de cultivo es salino?

La observación es la clave: Busca síntomas característicos producidos por el exceso de salinidad como las florescencias de sal en la superficie y controla el aspecto de tus plantas, pues posiblemente las hojas amarillentas, las quemaduras (especialmente en la punta y los bordes) y un retraso en el desarrollo podrían estar diciéndote algo.

Un truco casero para conocer el estado de salinización de la tierra es plantar algunas judías en el sustrato, pues esta planta es un buen indicador en tanto que es muy sensible a estos suelos. Si al crecer sus hojas son de color púrpura en vez de verde cuidado, porque significa que sufre este problema.

Si ya has tenido alguna vez problemas con esto, también puedes hacerte con un medidor de salinidad para ir controlando el estado de las sales en el sustrato. Eso sí, debes estar dispuesto a gastarte los más de 50 euros que puede costar.

Ándate con ojo con el abono y la fertilización de las plantas, pues un exceso en el uso de estos productos puede resultar contraproducente y de hecho se convierte en uno de los principales causantes del problema.

Entre las plantas más sensibles a la salinización se encuentran la Azalea, la Camelia, la Alegría, la Cineraria, la Petunia o Helechos, entre otras.

Entre los muchos ejemplares resistentes se encuentra la Hiedra, la Madreselva, la Pasionaria, el Clavel, la Cineraria o la Lavanda, por ejemplo.