Secar plantas aromáticas en casa
Si eres un amante de la jardinería y de la horticultura casera de aquellos que incluso consume sus propios productos, ¿por qué no atreverte con secar las plantas en tu propio hogar?

Se trata de una de las formas más económicas de que las plantas pierdan la humedad y puedan ser almacenadas durante largo tiempo para ser luego utilizadas en recetas de fitoterapia (uso medicinal de las plantas) o en tus deliciosos platos de cocina, por ejemplo.

Existen en realidad tres tipos de secado casero de las plantas, el que se realiza sobre una base elevada, el que consiste en colgar los ejemplares o el que directamente utiliza el horno.

El primero de ellos consiste en colocar las hojas o flores que quieras secar sobre una base horizontal a una altura media o alta para que vayan cogiendo aire que entre en la materia cortada. El tipo de planta y el tamaño de los tallos determinará las mejores formas de hacerlo, desde ponerlos separados hasta juntarlos en ramilletes o guardarlos dentro de un trozo de malla, por ejemplo.

Es la mejor de las técnicas para las plantas tiernas como el diente de león, la manzanilla, la melisa o el perejil.

La técnica del colgado consiste en unir las partes cortadas en un solo manojo y colgaras del techo mediante un hilo o bien con unos listones suspendidos en el aire. Se debe dejar una distancia mínima de unos 10 cm para que el secado de cada uno de ellos sea óptimo.

La salvia, el romero, el tomillo o el olivo son algunos de los ejemplares arbustivos que pueden seguir este proceso.

Por último, el secado al horno es la forma más rápida de conseguirlo (en cuestión de horas) y posiblemente también una de las menos complicadas. Consiste sencillamente en aprovechar el calor del horno cuando se encuentra a una temperatura de unos 33ºC, colocar los tallos sobre la bandeja de rejilla y dejar el horno entreabierto unos centímetros.