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En las zonas lluviosas es fácil que el césped prospere. Si en nuestra zona hace mucho calor y disponemos de poca agua lo mejor es plantar grama ( Cynodon dactylon). Es una variedad resistente a la sequía y se adapta bien a los climas áridos, además de tolerar el pisoteo y no ser propensa a los hongos. También podemos utilizar poas y festucas o mezclas de estas especies, cuya dosis de semillas normal es de 35-40 gramos por metro cuadrado. Empezaremos la siembra en primavera, esparciendo las semillas a voleo. Hay que taparlas con una capa de mantillo de medio centímetro o rastrillar para enterrarlas y pasar el rulo para lograr una adecuada germinación.

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Para que nuestra pradera no pierda color es básico el abonado de fondo a la salida del invierno. Conseguiremos un espléndido verdor y aumentaremos su resistencia al calor, a la sequía y a diversas plagas y enfermedades. Antes hay que pasar el cortacésped con las cuchillas no muy bajas, y luego esparciremos una capa de 1 centímetro de mantillo o turba, o 5 kilogramos de humos por metro cuadrado. A continuación es fundamental regar. Estos fertilizantes se descomponen con facilidad, de ahí su utilidad para estos casos. Es mejor aplicarlos en días nublados y con el césped libre de residuos.

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Los aspersores y difusores bien instalados no provocan acumulaciones de agua. En verano se programan para que funcionen unos minutos, en ciclos de poca duración, pero frecuentes. Nunca deben ponerse en marcha a pleno sol ya que las hojas se quemarían y buena parte del agua se evaporaría, es preferible utilizarlos al atardecer o al amanecer.

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Si va a ser un césped de paso o de mucho uso, hay que sembrar una mezcla de especies resistentes a la rotura por aplastamiento, es decir, de aquellas que son especialmente estolonizantes como Agrostis y Cynodon. Pero aún con ellas la tierra superficial puede compactarse, dificultando la entrada de aire y agua hasta las raíces. Esto se nota si pierde vigor o acumula agua. Para evitarlo, hay que airear, pinchando a menudo con un rodillo de púas o el rastrillo, al menos cada dos meses.

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La estación del año, el tipo de gramínea utilizada y las condiciones climatológicas determinan la altura de la siega. En climas calurosos en verano conviene elevar las hojas del cortacésped a una altura de 3-4 centímetros, en lugar de los 2-3 centímetros habituales. Segaremos cada 7-10 días para lograr matas de césped compactas y fuertes, y mantendremos los bordes bien perfilados y las barbas de hierba junto a muebles, farolas y bordillos perfilados. Debido a la dureza de este tipo de césped el afilado de cuchillas debe hacerse cada menos tiempo de lo habitual.