Los cerezos de flor: fragantes y espectaculares
Los cerezos protagonizan siempre en esta época del año numerosas noticias por su espectacular floración. ¿Podemos tener uno en nuestro jardín? Por supuesto. El Cerezo de flor –Prunus serrulata– se cultiva en jardines, aislado o en pequeños grupos, con un fondo uniforme; también se utiliza en alineaciones de calles estrechas y puede bordear perfectamente los senderos de un jardín, pero hay que tener en cuenta que este árbol de hoja caduca puede llegar a alcanzar los 12 m de altura.

Sus hojas adquieren un color bronce al principio y verde oscuro después. Antes de caer, se tornan anaranjadas. Las flores, de color blanco o rosado, son muy abundantes y aparecen en Marzo y Abril. Se reproduce bien por esqueje leñoso, inmediatamente después de la caída de la hoja, o por injerto, utilizando un portainjerto procedente de semilla. A pesar de ser un árbol rústico, el cerezo de flor se ve atacado por las mismas enfermedades que el fruto: La plaga que más suele afectarle es el pulgón, que habrá que tratar con insecticida sistémico.

Los cerezos de flor: fragantes y espectaculares
Como curiosidad, en Japón es un árbol silvestre con una gran tradición muy ligada a la religiosidad. Cada mes de abril se celebra una especie de romería que consiste en subir al monte Yoshino para admirar su floración. Hace ahora unos 1.300 años, el asceta En-no-ozuno talló una imagen de Buda Zao Gongen en un cerezo que se convirtió así en árbol sagrado; los peregrinos comenzaron a practicar una ofrenda llamada Kenboku: portaban como ofrenda árboles –en su mayoría estos cerezos que ahora caracterizan el monte- y los plantaban allí.