Cómo cortar las flores
Somos muchos los que en esta época del año no podemos evitar cortar algunas flores del jardín para decorar el interior de nuestros hogares y llenar de primavera nuestras casas.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que si las flores se cortan mal, se puede poner en peligro la perdurabilidad y el bienestar de la flor en cuestión. Por eso, hoy en Jardín Plantas vamos a explicarte cómo deben cortarse las flores, una tarea que es mejor que hagas a primeras horas de la mañana y al atardecer para evitar que la flor se deshidrate. ¿Nos acompañas?
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Trucos para que las flores cortadas duren más
Ya sea porque tuvimos el capricho de comprar unas flores frescas en la floristería o porque una persona muy especial nos regaló un precioso ramo, casi todos nosotros nos hemos encontrado alguna vez con que queremos alargar más la vida de las preciosas flores que tan bien lucen en nuestro jarrón.

Si este es tu caso o si simplemente sientes curiosidad por el tema, presta atención a estos consejos que seguro te servirán para mantener tus flores con un precioso aspecto durante más tiempo.
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Todas las plantas de jardín necesitan la poda, ya sea para mantener un aspecto limpio y cuidado como para encaminar su crecimiento, floración, fructificación… Sin embargo, a veces puede llegar a ser más perjudicial que beneficiosa si no se siguen una serie de criterios al practicarla. Los cortes indiscriminados, grandes y mal efectuados pueden resultar destructivos y además provocar heridas que tardan en cicatrizar y que se convierten así en foco de infecciones. Tratarlas después no resulta sencillo, así que lo más recomendable es conocer las necesidades de poda que tiene cada ejemplar, podar en el momento más adecuado, utilizar herramientas apropiadas a cada corte y desinfectarlas y practicar cortes limpios y correctos. El problema más grave que puede presentar una especie leñosa tras la poda es verse afectada por algún virus, siempre incurable, que haya penetrado por la herida. Son difíciles de detectar y curar.

Los cortes deben ser lo más pequeños, limpios y precisos posible. La madera joven se repone antes, por lo que conviene podar los vástagos antes de que se vuelvan leñosos. En cualquier caso, lo más apropiado consiste en hacer cortes inclinados, ya que entonces el agua de la lluvia no puede asentarse en la superficie. El agua constituye un peligro, ya que arrastra organismos, infecciones presentes en el aire o en las hojas de las plantas más próximas.

Después de cada uso, se deben limpiar las herramientas con agua y jabón y eliminar los restos de suciedad. Antes de guardarlas hay que secarlas. Incluso es convenientes desinfectarlas. Se deben sumergir en un desinfectante especial para jardinería diluido en agua y después secarlas. Otra solución par desinfectar las herramientas es mojarlas con alcohol y quemarlo posteriormente. Mantenerlas bien afiladas es también fundamental para que no haya desgarros. Además, un paño empapado en aceite servirá para protegerlas mucho mejor del óxido.

Las plantas restringen el impacto de las enfermedades. Ponen en marcha una reacción química que crea callo con el fin de formar una berrera que aísla la zona afectada y los microorganismos no colonizan la parte sana. Este proceso tiene lugar en el cámbium, cuyas células se multiplican hasta dar lugar a una cicatriz, que nace en los bordes de le herida y acaba por cubrirla. A mayor anchura o profundidad de corte, más tardará en cerrarse. Por eso conviene centrar al máximo el objetivo y producir la mínima herida posible. El frío ayuda a cicatrizar las heridas pero algunas son tan grandes y profundas que no acaban de cicatrizar nunca del todo y continúan siendo vulnerables a todo tipo de infección.