Cómo cultivar habas verdes
Las habas verdes son muy fáciles de cultivar y también muy prolíficas, así que si tienes un huerto en casa serán una gran opción, por muy pequeño que éste sea. Pertenecen a la familia de las leguminosas y se pueden comer tanto las vainas como las habas que hay en su interior, siendo así uno de los cultivos más interesantes que puedes encontrar ya que le sacarás mucho partido.

Son muy resistentes, así que se pueden sembrar en otoño para poder obtener cosechas muy tempranas. La planta puede llegar a alcanzar el metro y medio de altura, teniendo hojas alternas con foliolos anchos de color verde y sin zarcillos. Las flores se agrupan en racimos cortos de entre 2 y 8 flores.
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De la familia de las Leguminosas ( Fabacea), las habas ( Vicia faba) presentan tallos cuadrados que pueden medir entre 30 y 80 centímetros. Las flores, que brotan agrupadas en las ramas laterales, se asemejan a mariposas blancas con una mancha negra púrpura. El fruto consiste en una vaina aplanada de 5 a 30 centímetros de longitud, según la variedad, y con varias semillas o habas dentro de unos 2 ó 3 centímetros.

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Es una hortaliza poco exigente, apenas requiere cuidados, aunque necesita una humedad regular en el terreno y temperaturas más bien frescas para ofrecer las mejores cosechas. Dependiendo del tiempo que tardan en madurar, existen diversas variedades, de ciclo largo y de ciclo corto, pero todas se pueden consumir crudas, aunque lo habitual es hacerlo cocidas, rehogadas, en tortilla o como guarnición en muchos platos.

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En zonas templadas se siembran en otoño, pues no temen a las bajas temperaturas. En cambio, en regiones muy frías, es preferible esperar hasta finales del invierno o principios de la primavera. Se siembran en surcos separados entre 40 y 60 centímetros, según la variedad, depositando dos semillas por golpe cada 15-20 centímetros. Luego se recubren con unos 5 centímetros de tierra. Debido al tamaño y la dureza de las semillas conviene dejarlas en remojo unas 24 horas antes de su siembra para facilitar de esta manera su germinación.

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Las habas se adaptan a casi todos los suelos, excepto los muy duros y secos. Tampoco les gustan los terrenos muy ácidos y prefieren los arcilloso-calcáreos. El terreno debe estar trabajado en profundidad y fresco, que retenga la humedad , pero sin excesos. Crece muy bien en suelos ricos en humus o abonados con compost. Hay que plantarlas en emplazamientos abiertos, pero en zonas cálidas es mejor buscar un sitio algo sombreado, para que el sol no llegue a entorpecer su desarrollo. No conviene cultivar habas en el mismo lugar dos años seguidos o se correrá el riesgo de que en la tierra donde crecen se desarrollen anguílulas ( nematodos).

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Para consumirlas tiernas la cosecha se efectúa entre mayo y agosto, antes de que estén completamente maduras. Si se prefieren secas, hay que dejarlas envejecer y recogerlas cuando se oscurezcan. Una hilera de tres metros producirá unos nueve kilogramos de habas. Tras la recogida, se deben arrancar las matas y aprovecharlas para hacer compost. Lo mejor es hacer una cosecha escalonada, a medida que las vainas se hinches y antes de que el filamento que las bordea se ponga negro.

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Como requieren un suelo húmedo es necesario efectuar riegos moderados a menudo. En época de floración se espaciarán un poco. Mantener el terreno sin malas hierbas evita que éstas compitan con las habas y extiendan el pulgón. Binas y escardas o colocar algún acolchado vegetal son tareas básicas. Cuando la mata alcance 80 centímetros y tenga flores conviene cortar por encima de la sexta flor para desarrollar las vainas y evitar la invasión de los pulgones negros. Las matas suelen necesitar algún tipo de soporte para evitar que el viento las derribe. También es bueno recalzar los tallos.