Cómo hacer un invernadero casero
Con la llegada del frío, las hierbas y los cultivos frescos mueren, para que esto no suceda podemos crear nuestro propio invernadero casero, en un tamaño reducido que sea apropiado para cualquier hogar. Existen muchas técnicas que podemos poner en marcha, dependiendo si haremos un invernadero en un lugar cerrado o aprovechando las plantaciones y cultivos que ya tengamos en el jardín. Por otra parte, si tenemos ya los cultivos en la tierra, debemos proveer un ambiente de humedad y temperatura ideal para que puedan seguir creciendo.

Para comenzar crearemos una estructura con varillas de madera, plásticas o metálicas para disponer de un espacio que contenga a las plantas de manera cómoda sin apretarlas exceso, es decir, que se toquen entre ellas. El cobertor puede ser una tela de polietileno de baja densidad o cualquier plástico que sea impermeable y un poco grueso, la idea es que le sirva de protección ante las inclemencias meteorológicas, para ello lo deberemos colocar por sobre la estructura y sujetar con cintas para impedir el ingreso del aire helado, así como el escape de la humedad interior.

Otra forma en la que podemos crear nuestro invernadero en nuestra propia casa es con un bastidor o caja contenedora, dentro de la que colocaremos la tierra para plantar los cultivos. También podemos colocar macetas individuales. Este contenedor lo podemos dejar en balcones, terrazas, azoteas, garajes u otros lugares frescos, ya que lo recomendable es impedir que el invernadero tome contacto directo con el sol, ya que esto produciría una transpiración excesiva, lo que amenazaría con pudrir los vegetales.

Para este segundo tipo de invernadero casero, crearemos el bastidor para dar soporte a los laterales, que nos servirá para sujetar planchas de vidrio, acrílico, polipropileno o tela plástica translúcida u opaca. A continuación, haremos una tapa móvil del mismo material para que permita ser levantada o retirada. Esto nos facilitará el cuidado de nuestras plantas, así como un mejor control, hacer la cosecha o extracción de las hierbas y frutos del cultivo.

La cantidad de sol que debe recibir el invernadero depende de lo que contenga. Por eso es importante definir los cultivos antes de decidir la ubicación de la estructura. Si se trata de plantas y flores se necesitará una buena dotación de sol, aunque no excesiva. Si se tratara de suculentas o xerófilas, quizás sea mejor usar una media sombra para no dejarlas a una exposición solar completa. Finalmente, recuerda ventilar el invernadero en horarios cálidos y aprovecha este momento también para regar y cuidar de los cultivos.

Cómo elegir un invernadero convencional
Los tipos más convencionales de invernadero son aptos para una amplia gama de plantas, y comprenden los de tramo tradicional, luz holandesa, tres cuartos de tramo, colgadizos y de mansarda (o curvilíneos). Algunos aprovechan mejor el espacio y otros son más luminosos o mantienen mejor el calor; la elección dependerá de la ubicación de la que podamos disponer y de las plantas que queramos cultivar. Todos estos pueden tener una estructura de madera o aluminio y paredes completas de cristal o parcialmente acristaladas.

Invernaderos de tramo tradicional: Las caras verticales y el techo de tramo homogéneo de un invernadero de tramo tradicional resultan extremadamente prácticos en cuanto al espacio de cultivo y la altura libre. Un invernadero de tramo tradicional tiene a proporcionar el mejor uso del espacio al menor coste.

Invernaderos de luz holandesa: Las caras inclinadas de los invernaderos de luz holandesa están diseñadas para permitir la máxima entrada de luz, por lo que son adecuados para cultivar plantas de orlas, especialmente las de desarrollo bajo como las lechugas. Las hojas de cristal del techo se superponen ligeramente para evitar que penetre la lluvia y aumentar la rigidez, lo que puede ocasionar una pérdida de calor si las hojas están flojas.

Invernaderos de tres cuartos de tramo: Una de sus caras se coloca contra una pared, por lo que la entrada de luz resulta un poco más restringida; no obstante, la pared proporciona calor y un aislamiento suplementario en el invernadero, especialmente si es la pared de una casa.

Invernaderos colgadizos: Si no hay espacio suficiente para otro tipo de estructura, un invernadero colgadizo es una buena elección, en especial si se prefiere un invernadero fundamentalmente para uso decorativo. Al igual que en el de tres cuartos de tramo, la pared actuará como un buen aislamiento de manera que se producirá una escasa fuga de calor.

Invernaderos de mansarda: El invernadero de mansarda es el curvilíneo, que tiene las caras y los paneles del techo inclinados, diseñados para permitir la máxima entrada de luz. Es adecuado para plantas que requiere mucha claridad durante el invierno, cuando las horas de luz son pocas y los niveles de esta, bajos.

Preparar un invernadero en casa
La mayoría de hogares no dispone de las condiciones necesarias para cultivar determinadas plantas en el interior, por eso podemos construir un pequeño invernadero, siempre que tengamos espacio disponible, de ese modo conseguiremos tener un lugar habilitado para criar todas las plantas que deseamos. La colocación de las especies que cultivaremos será fundamental para su crecimiento.

En un invernadero se consigue que plantas con flores se desarrollen con mayor facilidad, algo que es más complicado si las situamos en el interior del hogar. De este modo, podemos cultivar begonias, violetas de los alpes, entre otras especies que requieren unas condiciones ambientales especiales. También será posible disfrutar de la presencia de plantas que en pocas ocasiones logramos se desarrollarán dentro de la casa como las drácenas o las marantas que necesitan mucha luz para su desarrollo.

Preparar un invernadero en casa
Además de disponer de espacio para el invernadero, también deberemos contar con un lugar en el que poder guardar macetas y algunas de las herramientas que vamos a necesitar para realizar algunos trabajos como transplantes o podas. Para terminar, recuerda que el riego en los invernaderos es más reducido, ya que el ambiente preserva el nivel de humedad durante mayor tiempo.

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El frío puede causar grandes pérdidas en nuestro jardín si no somos previsores. Durante el verano hemos propiciado el crecimiento y desarrollo de nuestras plantas, abonando y regando abundantemente. Incluso habremos tenido la precaución de proteger de las altas temperaturas y la insolación extrema algunos ejemplares para que pudieran vivir en las mejores condiciones. Pero al cambiar de estación las condiciones ambientales se modifican radicalmente. Aquellas plantas que lo pasaban peor con el calor ahora están en su mejor momento y deben ser de nuevo expuestas a los rayos del sol; las que florecieron durante la pasada temporada han cumplido su ciclo y necesitan de un descanso merecido. Es el momento de actuar para seguir teniendo un jardín pleno y disfrutarlo durante más tiempo.

Ahora que los días se acortan nuestras plantas necesitan toda la luz que el día les ofrece. Por eso, si en verano utilizamos protectores para el sol en nuestros invernaderos y cajoneras para bajar la temperatura interior, por ejemplo pinturas blancas, encalados o mallas, es el momento de quitarlos. Y a finales de otoño, colocaremos materiales aislantes que protegerán del frío esto habitáculos.

Averiguar las condiciones de nuestro suelo, es decir, el grado de acidez, arcillosidad, humedad, fertilidad, etc., por si fuera necesario corregirlo antes de efectuar la plantación. Si el medidos de pH indica que la acidez es alta, elegiremos especies como rododendro, azalea o brezo, o bien se puede esparcir y mezclar cal en polvo. El estiércol fermentado y la tierra de brezo acidifican los suelos muy alcalinos.

Muchas especies se plantan en otoño. Un mes antes deberemos haber layado y volteado a 20 cm de profundidad y limpiado los residuos. Después agregamos arena, abono orgánico del tipo estiércol, compost o mantillo bien descompuesto y un fertilizante mineral equilibrado de descomposición lenta. Cavar mejora también los hoyos de los árboles y arbusto y las trincheras para los setos.

Los días y las noches cada vez más frescas anuncian el riesgo de heladas. Es fundamental trasladar todas la plantas delicadas, sobre todo las vivaces y arbustivas, como los geranios, las fucsias, las drácenas y las margaritas, a un invernadero para resguardarlas del frío. El nuevo sitio debe ser fresco y luminoso y regaremos sólo para evitar que el sustrato se seque. Arrancar y plantar en macetas las plantas que hayan pasado el verano en macizos de flor y ponerlas a cubierto lo antes posible es bastante recomendable. Podaremos las ramas y hojas dañadas o enfermas.