Cuidados de las mimosas
Las mimosas son una opción perfecta para decorar tu jardín ya que sus brotes hacen que sea una planta muy bonita y con mucho colorido. Son arbustos de clima mediterráneo que pueden cultivarse tanto en maceta como en el suelo y tanto en el jardín como en una terraza o en el interior del hogar. Si el clima no es mediterráneo también se pueden cultivar pero tendrás que poner mucha más atención a todos sus cuidados para vigilar que se desarrolle bien y no tenga ninguna carencia.

Hay especies que lucen mucho más bonitas en verano que otras, como por ejemplo las de 4 Estaciones, las Adelfas o las Abutilones. Estos arbustos, al igual que cualquier otro que sea de clima mediterráneo, debe podarse durante el mes de agosto para así favorecer la aparición de nuevos brotes antes de que llegue el invierno. Sus cuidados durante el verano son mucho más importantes que durante el resto del año ya que es cuando hace más calor y además se acerca la época de que comiencen a salir los nuevos brotes.
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Árboles amarillos en nuestro jardín
La mimosa es un árbol muy decorativo, que alegrará nuestro jardín como ningún otro, especialmente en la época de su espectacular floración. Hablaré en este post de la mimosa común (Acacia Dealbata), pero hay que tener en cuenta que existen otras mimosas como la célebre mimosa sensitiva (Mimosa Pudica), cuyas hojas se encogen al tocarlas, que no tiene nada que ver con la primera.

El árbol de la mimosa crece muy rápidamente y puede llegar a alcanzar los 12 metros de altura. Por su capacidad de crecimiento se utiliza para consolidar suelos de composición arenosa, los cuáles le gustan bastante.

La mimosa común es perenne. Soporta bien el frío moderado, incluso las heladas suaves, aunque las temperaturas por debajo de 5 grados bajo cero la perjudican. Pero el elemento más peligroso para una mimosa es el viento: sus raíces no se expanden mucho en el suelo, con lo cual la copa suele ser más ancha que la parte del árbol que está bajo tierra; esto hace que una ventada fuerte la pueda tumbar. Si por desgracia el viento ha tirado nuestra mimosa, podemos intentar enderezarla, pero advierto que será una tarea casi imposible pues seguramente se troncharán las raíces, si es que no lo han hecho ya. Para evitar este problema, es conveniente rodearla de fuertes soportes de madera o metal, bien introducidos en el terreno.

Este árbol florece de enero a marzo; en esta época las mimosas son una auténtica maravilla, pues se ven todas ellas vestidas de amarillo, cual pompón de ese color. Las flores suelen cortarse para realizar ramos; incluso podemos verlas en las floristerías.

La mimosa aguanta bien la sequía; precisamente para ella los riegos demasiado continuos pueden representar un problema, pues las raíces llegan a encharcarse y pudrirse. No es necesario podar las mimosas.

La época del año apropiada para plantar nuevas mimosas en nuestro jardín es durante el invierno, antes de que comience la época de la floración. Así se adaptarán mejor a su nuevo entorno.

La mimosa común ( Acacia dealbata) es un árbol de tamaño medio o pequeño que se desarrolla bien en climas húmedos y de inviernos cálidos, como el atlántico y el mediterráneo. De hojas compuestas y bipinnadas ( formadas por foliolos o partes independientes en número par sobre un eje común), presenta abundantes grupos de flores, amarillas o blancas, de tamaño reducido y muy olorosas.

La primera regla para su correcto crecimiento es cavar un agujero grande, más ancho que profundo. Tendremos en cuenta que la mimosa necesita mucha superficie para que sus potentes raíces se desarrollen a la perfección. Prospera bien en terrenos arenosos, pero como suelen ser bastante secos, deberemos prestar especial atención al riego. Nunca dejaremos que pase sed, o correremos el riesgo de que se ponga mustia y nos costará mucho recuperarla. Tampoco resulta conveniente el trasplante, de ahí que, si lo hacemos, debemos extraer el cepellón con cuidado para que no se desmorone.

Resiste el frío intenso, pero sufre con la nieve, que causa graves daños en sus ramas. En este caso más vale que la protejamos, poniéndola en una lugar abrigado, contra una pared al sur o al oeste y cubriendo el suelo con una ligera capa de paja para que no se hiele. Si está en un tiesto la llevaremos a casa o a una esquina de la terraza si la temperatura es inferior a -4 ºC. Prefiere el aire libre al interior, donde precisa poca calefacción y buena luz.

Para que aparezca más tupida deberemos podarla con fuerza en su etapa de formación. Cualquier otro recorte no resulta aconsejable. Si lo hacemos cuando el árbol es joven, lograremos ejemplares globosos, de porte más saludable y correcto, y floraciones de mayor belleza al presentarse más tupidas. De paso podemos aprovechar los vástagos para colocarlos en un recipiente con agua y azúcar y ubicarlos en una habitación fresca como decoración.

En verano podemos hacer esquejes, cortando terminales de ramas que no hayan florecido y utilizando una mezcla de turba y arena. Mantendremos cierta humedad para que, en dos meses, echen raíces. En otoño esparcimos semillas en una bandeja de siembra y la conservamos en un lugar sombrío y húmedo a 21ºC. En el primer año medirán 15 centímetros y podremos poner las plantas en tiestos al siguiente. Se pueden llevar al jardín tras dos temporadas de crecimiento.