Cultivo y cuidados del narciso
El narciso recibe su nombre del griego “narkissos”, que significa adormecimiento y que se le puso por antiguamente se decía que esta planta tenía propiedades hipnóticas. Pertenece a la familia de las Amarilidáceas y tiene más de 400 especies con diferentes características aunque muchas de ellas son comunes. Entre las especies más conocidas está el narciso campernelli, narciso poeticus, narciso tazetta o narciso fernandessi.

Es una planta que se puso de moda nuevamente hace un par de año, y ahora está pasando quizás por uno de los momentos de mayor esplendor. Debe casi todo su éxito a cosas como que se adapta perfectamente a una gran variedad de características como suelo o clima, además de que tiene un estilo rústico precioso. Por si eso fuera poco, es una planta que cuando florece puede estar en el mismo lugar varios años.
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La magnífica floración de las bulbosas compensa todo esfuerzo. Podemos adquirir nuestras preferidas en el vivero y las plantaremos sin demora en grupos definidos en lugar de filas; de este modo conseguiremos mayor impacto y reduciremos el mantenimiento. Hay que buscar un sitio donde dé el sol al menos cinco horas al día y preparar el suelo para que drene bien el agua de los riegos. Una mezcla de tierra de jardín, materia orgánica y humus resulta ideal. Enterraremos los bulbos a una profundidad equivalente a tres veces su diámetro y regaremos a continuación con profusión. No se debe repetir el riego hasta que surjan los nuevos brotes.

Una vez instaladas en su sitio, las bulbosas necesitan poco mantenimiento, que se limita a riegos regulares y abundante, aunque sin encharcar el suelo, des que emergen los primeros brotes. Raras veces necesitan abono mientras crecen. Eso sí, terminada la floración deberemos aportar polvo de sangre y huesos o un fertilizante completo y continuar con los riegos hasta que las hojas comiencen a marchitarse. Podar los tallos florales secos es recomendable pero no hay que tocar el follaje o el bulbo no podrá almacenar las sustancias de reserva que necesita para crecer el próximo año.

Pese a que la mayoría resiste el frío y no requiere protección en invierno, conviene cubrir la base recién plantada con mantillo. Pero, en cuanto surja el primer brote, retiraremos la cobertura para evitar que la planta amarillee. Los caracoles y babosas pueden mantenernos en vilo. Como parte de su menú preferido figuran las hojas tiernas de tulipanes y narcisos. Vigilaremos las plantas en tiempo húmedo y colocaremos trampas de cerveza o usaremos productos helicidas para atajarlos. Protegeremos los bulbos y tubérculos con mallas de alambre para ahuyentar a los roedores, adoran morderlos.

Las plantas débiles, mal cuidadas o con una exposición incorrecta son presa fácil de plagas y enfermedades. Tratarlas cuanto antes es fundamental para evitar males mayores. Las más frecuentes que podemos encontrar en las plantas bulbosas son la fusariosis y el moho gris. La primera se detecta por la aparición de zonas de color pardo hundidas en la base del bulbo, que nos obliga a destruir los dañados. En el caso de la botritis las hojas se deforman, manchan y descomponen por lo que podaremos las partes afectadas y limpiaremos las herramientas para evitar trasladar la enfermedad a otros ejemplares. El virus del mosaico el algo más selecto y aparece sobre todo en los tulipanes, caracterizado por producir rayas en hojas y flores.