Cultivo de la parra
Aunque su nombre científico es Vitis Viniera, no hay quien no conozca a este popular frutal como vid o parra.

Esta peculiar planta trepadora de tronco retorcido, corteza gruesa, sarmientos y hojas conocidas como pámpanos da unas flores verdosas de las que con el tiempo y los cuidados necesarios saldrán las deliciosas uvas que tanto nos gustan.

Cultivo de la parra

A la sombra del emparrado
¿Qué mejor solución para crear una zona umbría en nuestro jardín que un emparrado? Y lo bueno es que una parra no nos servirá sólo para dar una buena sombra en las calurosas tardes de verano, sino que también nos proporcionará unas riquísimas uvas.

Pocas plantas están tan adaptadas al clima de la península como la vid. Especialmente si pueden crecer en climas mediterráneos, que son los que más la benefician. La vid aguanta el calor del sol de verano y resiste la sequía. Es más, necesita de buen sol para prosperar.

Un emparrado no es más que un cultivo de la vid hecho de tal manera que obliguemos a la planta a elevar sus ramas, enredándose en los soportes que le hayamos preparado. Si se la deja crecer libremente, las ramas de la vid pueden llegar a alcanzar los 30 metros de altura; sin embargo, en las viñas se las poda de tal manera que no crezcan apenas. La parra crece rápidamente, con lo cual en dos o tres años podemos tener listo un emparrado.

A las ventajas de su fortaleza, sus frutos y su capacidad de dar frescor en verano, se suma el hecho de que la parra es una planta caduca; ello es de agradecer en invierno, porque el lugar donde está ubicado el emparrado quedará iluminado por el sol, al haber perdido la parra sus hojas.

Es conveniente ir podando la parra, pues sus ramas crecen de tal manera que se van acumulando las unas con las otras de forma que pueden llegar a pesar demasiado e ir abombando la estructura que les sirve de soporte.

A la hora de plantar la parra hay que tener en cuenta el tipo de suelo con el que contamos. Los suelos arcillosos y los muy fértiles no son muy adecuados, puesto que la planta crece con tal vigor que echa más ramas y hojas que frutos; aunque si la finalidad de la parra es dar sombra, ello no importará demasiado. En cuanto al clima, resiste tanto el calor como las heladas, aunque las temperaturas por debajo de 15 grados bajo cero pueden dañarla.

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Al género Parthenocissus pertenecen diversas plantas trepadoras provistas de zarcillos, caducifolias y lignificadas, que se cultivan por su follaje, de color verde profundo, que adquiere bellos tonos rojizos durante el otoño. La enredadera de Virginia, como se conoce también a la parra virgen, presenta hojas compuestas, es decir, formadas por piezas independientes llamadas foliolos. Según el número de éstos tenemos Parthenocissus quinquefolia, con cinco por cada hoja, que necesita de una espaldera donde sujetarse y Parthenocissus tricuspidata, con tres foliolos, que trepa por las superfices sin ayuda.

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La parra virgen crece con vigor y rapidez, por lo que suele utilizarse para cubrir fachadas y muros. Además, proporcio na sombra y frescor en los días más calurosos del verano. Podemos cubrir con ella pérgolas, celosías, cobertizos y cualquier otra estructura o dejar que se extienda por el suelo como cubierta vegetal. Aunque procede de Norteamérica, China y Japón, se adapta muy bien a todos los climas y sólo exige un terreno bien drenado para evitar que los hongos se apoderen de ella.

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Aunque admite el sol, el color de las hojas gana en intensidad si está en semisombra o incluso en sombra total. Es ideal para plantarla en una pared orientada al norte o al este. Su plantación se puede realizar tanto en otoño como en primavera. La ubicaremos en hoyos profundos, de 50 por 50 centímetros, a los que conviene añadir mantillo, materia orgánica descompuesta o abono para que se asiente más fácilmente tras el transplante.

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La parra virgen es una planta que, al principio, no necesita de mucha poda. En los primeros años conviene cortar algunos brotes para estimular el crecimiento de ramas y asegurarse de que la pared queda cubierta de manera uniforme. Una vez establecida sólo hay que recortarla de vez en cuando, en cualquier época del año, para controlar su crecimiento exuberante e impedir que invada los marcos de las ventanas o puertas. Procuraremos no podar hasta las ramas leñosas viejas, porque difícilmente producirán brotes nuevos. Hay que tener cuidado de despegar de los soportes sólo aquellos tallos que vayamos a descartar ya que, una vez desprendidos, no pueden sujetarse en el mismo punto.