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Un grupo de especies en flor o con follajes vistosos, colocadas según los colores y las formas constituyen un macizo. Se puede poner en medio del césped, en un rincón del jardín o acompañando un sendero. Es importante elegir un lugar entre el sol y la sombra, aunque teniendo en cuenta las necesidades de cada planta. El primer paso es preparar el terreno cavando, limpiándolo y añadiendo materia orgánica. Después se puede optar por delimitar la zona del macizo construyendo una bordura con ladrillos, piedras naturales, etc. A continuación, ya se puede plantar, hay que elegir diferentes especies, poniendo las más altas en la parte trasera y las pequeñas, delante y combinando sus colores.

Al confeccionar un macizo primaveral, las vivaces deben ser las protagonistas, ya que se trata de plantas resistentes, que se pueden plantar desde finales del invierno para florecer enseguida. Es importante colocar en la parte trasera las especies que alcanzan mayor altura, por ejemplo: acanthus, agapanthus, aquilegia, astilbe, delfinios, lupino, lobelia, verbena o miscanthus. En la zona delantera, se deben instalar las plantas más pequeñas como es el caso de margarita de los prados, aster, coreopsis, dianthus, hebe, nepeta, oxalis, amapolas, prímulas o iberis.

Se pueden comprar plantas en viveros en los últimos días de la primavera e instalarlas enseguida, pero también es posible sembrar anuales, desde mediados de primavera, protegidas del frío. Se plantan primero las especies que van en el interior del macizo y se continúa por los laterales. Luego se riega copiosamente. En el centro y mediterráneo son adecuadas petunias, tagetes, cosmos, banderillas… En el atlántico, alegrías de la casa, begonias, capuchinas o verónicas.

En el otoño, al sol, aunque resisten las sombra, en tierra ligera y bien drenada, se puede instalar un macizo de aromáticas que, además de ser decorativo por las flores y los follajes, ofrecerá un agradable perfume. No exigen demasiados cuidados, en primavera les vendrá bien un fertilizante o un poco de compost, protección con acolchados durante el invierno y poda regular de las hojas y flores marchitas y secas. Algunas de las más bonitas para macizos son romero, salvia, estragón, tomillo, albahaca, laurel, menta, perifollo, acedera, etc.

Para disponer de un macizo invernal se puede hacer una composición a base de bulbosas como campanillas de las nieves, narcisos, tulipanes, crocus, lirios, gladiolos… Los bulbos presentan un aspecto espléndido en arriates y macizos. Pueden estar solos o con bienales como pensamientos, alhelíes, margaritas, caléndulas o coronados. También se puede colocar algún arbusto de floración invernal como forsitia, hamamelis o amelanchier. Sólo es necesario un acolchado para proteger sus raíces del frío y eliminar las hojas y flores secas.