Cómo bajar el pH del suelo
El pH del suelo es muy importante para que las plantas, árboles o cultivos puedan desarrollarse de forma correcta, así que hay que prestarle mucha atención para que siempre esté en los niveles adecuados. En muchas ocasiones, el pH está a niveles superiores de los que se necesitan, lo que puede hacer que la planta comience a sufrir problemas como clorosis férrica o carencias de nutrientes, entre otros.

Hoy me gustaría centrarme en cómo bajar el pH del suelo, algo que se puede hacer de diferentes maneras. Para hacerlo, es bueno que el hierro se libere para que los demás nutrientes funcionen mucho mejor y no se vean afectados por las raíces. Lo habitual es que el suelo tenga un pH de 6,5, aunque es algo que suele variar en función de lo que tengas cultivado.
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Carencia de nutrientes en suelos alcalinos III
En posts anteriores sobre carencia de nutrientes en suelos alcalinos hemos visto formas de bajar el pH del suelo y soluciones consistentes en fertilizar la tierra.
Nos queda una tercera solución: actuar sobre el agua de riego. Esta solución sólo nos servirá si el agua es alcalina; por ello antes de actuar hemos de medir el pH del agua con una tira reactiva de venta en farmacias, por ejemplo.

La actuación sobre el agua de riego es esencial en sustratos, es decir, en las tierras de macetas, porque la solución de bajar el pH del suelo no es viable. Se dan casos en que queremos tener una planta acidófila, como una hortensia y compramos sustrato ácido (pH entre 5,5 y 6,5) que es el adecuado para ella; pero si la regamos continuamente con agua alcalina, a la larga el sustrato se alcalinizará y veremos por ejemplo un amarilleo de las hojas (que es la clorosis).

Tenemos pues el siguiente problema, sea en suelo o en sustrato: un agua alcalina que puede llegar a dar problemas de falta de nutrientes. Una solución ideal puede ser almacenar agua de lluvia (ya que ésta no tiene cal) en un aljibe y regar sólo con esa agua; pero esa solución puede no ser viable en todos los casos, por ejemplo por falta de espacio. Entonces, podemos bajar el pH del agua con ácido cítrico, que se presenta en forma de polvo parecido a la sal, listo para mezclarlo con el agua de riego. Se encuentra en droguerías y establecimientos de jardinería. La proporción agua-ácido viene indicada en el envase, pero suele ser de una cucharada por cada 50 litros de agua, con lo cual esta solución es económica. Podemos comprobar que el pH es el adecuado con una tira reactiva. Tras haber regado varias veces con el agua preparada de esta forma, el pH ya se habrá regulado y nuestras plantas no mostrarán signos de clorosis.

El color del suelo y su pH
En posts anteriores ya hemos examinado los tipos de suelo: arcillosos, arenosos, francos, de turba… Pero hay otros factores que influyen en la calidad del suelo y que no son menos importantes para saber qué especies plantar y como tratar la tierra de la que disponemos.

El color del suelo puede darnos pistas acerca de su contenido en minerales y nutrientes. Un suelo de color rojizo o cobrizo nos indicará que es rico en óxido de hierro y por tanto será un buen suelo. Si el color es marrón claro seguramente no sea muy rico. Si nos encontramos ante un suelo grisáceo, lo más probable es que sea calcáreo o pobre en hierro. Los suelos muy oscuros, casi negros, suelen contener humus en abundancia. Como regla general podríamos decir que cuanto más oscuro es el suelo, más riqueza posee en minerales o en materia orgánica, con lo cual será más fértil.

Es muy importante saber el pH del suelo. Dicho pH depende, entre otras cosas, del contenido en cal. Los suelos ácidos tienen un pH inferior a 7, pues no contienen mucha cal. Los suelos básicos o alcalinos tienen un pH superior a 7 y tienen mucha cal. Los suelos neutros son los preferidos por la mayoría de las plantas; su pH se sitúa entre 6,5 y 7. Dependiendo del pH del suelo podremos cultivar unas especies u otras. Además, el pH afecta a la disponibilidad de los minerales que contiene el terreno.

Existen muchos métodos para averiguar el pH del suelo. El más fácil consiste en echar un puñado de tierra en un vaso de agua destilada; se remueve bien, se deja asentar durante un rato y se introduce una tira reactiva indicadora de pH (de venta en farmacias) que según el color que adopte nos indicará si el suelo es alcalino, ácido o neutro. Evidentemente, también podemos llevar a analizar la tierra a un laboratorio agrónomo, donde nos darán más datos acerca de su composición.

Carencia de nutrientes en suelos alcalinos I
Cuidamos con todo mimo nuestras plantas, pero incluso así en ocasiones éstas pueden tener problemas. Uno de ellos puede ser la carencia de minerales, que suele manifestarse en el amarilleo de las hojas (quedando a veces los nervios de color verde).

Hemos de conocer el pH del suelo y del agua que utilizamos para regar, puesto que el problema de base suele ser un suelo demasiado alcalino (también llamado básico), situación ésta muy frecuente. Si en un suelo alcalino plantamos una planta acidófila, es decir, propia de suelos ácidos, la planta tendrá problemas nutricionales, ya que en los suelos alcalinos los minerales esenciales para el crecimiento: Hierro, Manganeso, Zinc, Cobre y Boro son más difíciles de absorber por las raices. El suelo alcalino, es decir, el que tiene un pH menor de 7, insolubiliza los minerales, haciéndolos inabsorbibles. Incluso plantas no acidófilas, como los cítricos, pueden llegar a padecer este problema.

Si tenemos pues plantas con hojas amarillas, una vez descartado que el problema sea el exceso de riego, seguramente estaremos ante una escasez de minerales. Por regla general, si amarillean las hojas nuevas la escasez es de micronutrientes: Hierro, Cobre, Zinc, Manganeso. Si amarillean las hojas viejas la escasez es de macronutrientes: Nitrógeno, Fósforo, Potasio, Magnesio, Calcio. Se impone pues fertilizar la tierra con minerales, preferentemente en forma de quelatos, pues bajo esta forma se elimina el problema antes mencionado de su insolubilidad; los quelatos son fácilmente absorbibles. También puede fertilizarse el agua de riego en vez de la tierra. Otra solución que va muy bien si se observa carencia de micronutrientes es el abono foliar: abono que se pulveriza sobre las hojas y que tiene un efecto rapidísimo, en muy pocos días (se han dado casos de reacciones positivas en 24 horas en caso de clorosis férrica, enfermedad debida a la carencia de hierro).

Continuación… leer segunda parte.