El huerto en abril
Tras los meses de frío ha llegado la primavera y la savia empieza a subir en las plantas. La inactividad del invierno se ha acabado y ahora empieza el trabajo duro: hay que prepararlo todo para la gran cosecha del verano.

No hay que impacientarse, pues si la siembra se realiza con demasiada anticipación el frío puede ser nefasto.
En marzo, tradicionalmente coincidiendo con San José, ya se habrán plantado algunas patatas, pero vale la pena reservarse algunas para plantarlas en abril; así la cosecha no vendrá toda de vez.

Hay que sembrar el semillero de coles y de puerros, puesto que hay que dar tiempo a estas plantas hasta que estén listas para ser cosechadas en invierno. Se plantan ya sobre el terreno las remolachas y las zanahorias y se siembra la segunda remesa de lechugas, espinacas, nabos y rábanos; he dicho sembrar, puesto que a todos estos últimos vegetales les gusta que se les siembre en el sitio donde van a crecer definitivamente, ya que no necesitan que se les trasplanten. De todos modos, si compramos en mayo o junio lechugas de plantel, podremos plantarlas igualmente y consumirlas perfectamente en verano.

Si el clima de la región no es muy frío, pueden plantarse también calabacines, pimientos y berenjenas, todos ellos de plantel. Si todavía queda riesgo de temperaturas bajas, se pueden plantar bajo invernadero. Los planteles de tomates siempre es mejor plantarlos bajo cubierto y en climas cálidos ya se puede empezar esta labor; si el clima es frío se sembrarán a cubierto, al igual que las judías verdes.

Es la época de recolección de las coles de primavera; poca cosa más se recolecta en abril: espinacas, lechugas de variedades que soportan el frío…

Se empieza a notar el calorcito y eso hará que la tregua que nos han dado las malas hierbas durante el invierno toque a su fin. Ya hay que estar pendientes de eliminarlas con regularidad, aunque todavía no dan tanto trabajo como en meses posteriores.