Texturas del suelo del jardín
El suelo de jardín puede ser de diferentes texturas, y siempre está compuesto por tres partículas minerales de diferentes tamaños: arena, arcilla y limo. Cada partícula se divide en otras partículas, y la combinación de ellas en distintas proporciones hace que las plantas se puedan desarrollar. Esa mezcla es lo que se denomina textura, la cual varía en función de las partículas empleadas en la combinación.

Conocer el tipo de suelo con el que vas a trabajar es imprescindible ya que de la textura que tenga dependen sus propiedades físicas y, por lo tanto, su productividad. El suelo perfecto debe contener un 45% de minerales, un 5% de materia orgánica, un 25% de agua y el último 25% de aire. Debe estar también muy bien drenado y proporcionar los nutrientes necesarios para que las plantas puedan crecer como deben.

Texturas del suelo del jardín

Consejos para enriquecer el suelo del jardín
Para que un suelo sea bueno debe ser rico en nutrientes como el nitrógeno, el potasio y el fósforo; debe retener la humedad, ya que las plantas toman los nutrientes a través de las plantas; debe tener la aireación adecuada para que las raíces puedan respirar y deben tener un buen drenaje para que las raíces no se pudran. ¿Tu jardín tiene estas cualidades?

Para averiguarlo deberás analizarlo, algo que podrás hacer mediante los kits de jardinería que venden en los establecimientos especializados o pidiendo ayuda a jardineros profesionales, aunque también te puedes hacer una ligera idea del estado de tu suelo observando la salud de tus plantas. Si ves que todo lo que plantas no se desarrolla como debería, posiblemente debas enriquecer el suelo. Te explicamos cómo hacerlo a continuación.

Consejos para enriquecer el suelo del jardín

Cómo bajar el pH del suelo
El pH del suelo es muy importante para que las plantas, árboles o cultivos puedan desarrollarse de forma correcta, así que hay que prestarle mucha atención para que siempre esté en los niveles adecuados. En muchas ocasiones, el pH está a niveles superiores de los que se necesitan, lo que puede hacer que la planta comience a sufrir problemas como clorosis férrica o carencias de nutrientes, entre otros.

Hoy me gustaría centrarme en cómo bajar el pH del suelo, algo que se puede hacer de diferentes maneras. Para hacerlo, es bueno que el hierro se libere para que los demás nutrientes funcionen mucho mejor y no se vean afectados por las raíces. Lo habitual es que el suelo tenga un pH de 6,5, aunque es algo que suele variar en función de lo que tengas cultivado.

Cómo bajar el pH del suelo

El suelo perfecto para cultivar hortalizas
El suelo es uno de los factores más importantes que debes tener en cuenta a la hora de preparar cultivo, y es que un suelo de mala calidad o que no tiene las características adecuadas para cada cultivo puede echarlo por tierra. Así pues, hay que conseguir siempre que el suelo sea el perfecto para cada tipo de cultivo, y en este caso me gustaría centrarme en las hortalizas, que suelen ser los productos que más se cultivan en huertos e invernaderos.

Entre las características que debe tener el suelo para hortalizas están el que debe ser profundo, tener estructura migajosa, ser mullido y esponjoso, fácil de trabajar, tener un buen drenaje, tener buena capacidad para retener nutrientes minerales o ser muy rico en nutrientes minerales. Pasemos a ver las más importantes con detalle:

El suelo perfecto para cultivar hortalizas

El suelo ideal para una planta
Es muy importante conocer y mejorar el suelo del jardín en el que vas a plantar un árbol o una planta, ya que dependiendo del tipo de suelo es más conveniente una especie que otra, o si tienes una planta determinada puede que necesite un suelo también determinado. Ten en cuenta los diferentes tipos de suelo y sus características para poder plantar adecuadamente y mejorar sus cuidados:

Profundo: suele tener una roca dura a la altura de las raíces, a unos 40 cm. de profundidad, pues bien, eso es malo. Para mejorarlo, añade tierra vegetal y labra en profundidad para romper la capa impermeable.


El suelo ideal para una planta

Los suelos arenosos y francos o de limo
Continuando con los tipos de suelo según su textura, en este post hablaré de los suelos arenosos y de los francos o de limo.
Los suelos arenosos son aquéllos que están formados en su mayor parte por partículas minerales grandes, que miden entre 0,01 y 0,1 milímetros de diámetro.

Podemos saber si un suelo es arenoso llevando una muestra de tierra a analizar o mediante el método casero del cilindro de tierra, ya explicado en parte en el post dedicado a los suelos arcillosos. Amasamos tierra con un poco de agua, modelamos un cilindro de 3 milímetros de diámetro y unos 10 centímetros de longitud. Si la tierra se agrieta de tal modo que no podemos modelar el cilindro, el suelo es muy arenoso: estará formado por más de un 80 % de arena. Si no se agrieta, modelamos otro cilindro de la misma manera, pero en este caso de 1 milímetro de grosor. Si se agrieta, la tierra tendrá entre un 65 y un 80 % de arena. Si no se agrieta, volvemos con el cilindro de 3 milímetros y formamos un círculo con él, juntando sus dos extremos; en este caso, si se agrieta ya estamos ante un suelo franco-arenoso que tiene entre un 40 y un 65% de arena. Si no se agrieta, tomamos otra vez el cilindro de 1 milímetro y formamos un círculo; si se agrieta, el suelo es franco (es decir, con predominio de limo, partículas de entre 0,001 y 0,1 mm) y si no se agrieta estaremos ante un suelo arcilloso.

Los suelos arenosos drenan “demasiado bien”, por lo que hay que regarlos con frecuencia. No retienen tan bien los nutrientes como los arcillosos, con lo cual también hay que abonarlos con asiduidad. A la hora de elegir las especies que plantaremos en este tipo de suelo, nos decantaremos por las que soporten mejor la falta de humedad: plantas mediterráneas, palmeras, crasas… incluso el césped.

No obstante, el suelo arenoso siempre se puede corregir añadiéndole tierra arcillosa y turba, en la proporción que nos indique un especialista. Los suelos francos no suelen necesitar corrección.

El suelo arcilloso
En el post de ayer hice una aproximación a los tipos de suelo, pilar básico para organizar a partir de ahí la estructura de nuestro jardín o huerto y de las especies que vayamos a sembrar o plantar.
En el presente post examinaré más a fondo los tipos de suelo arcillosos, dejando para otras ocasiones los suelos arenosos.

El suelo arcilloso es aquél en el que predomina la arcilla sobre otras partículas de otros tamaños. La arcilla es un conjunto de partículas minerales muy pequeñas, de menos de 0,001 mm. de diámetro, en contraposición a otras partículas más grandes como son el limo y la arena, por orden de tamaño, de menor a mayor.

Un suelo arcilloso tendrá también parte de limo y de arena, pero predominará la arcilla, en distintas proporciones según el suelo en cuestión. No hay dos suelos iguales.

¿Cómo averiguar el tipo de suelo que tenemos según su textura? Como ya dije en otro post, el método más fiable y científico es llevar a analizar la tierra a un laboratorio agrónomo. Pero si queremos usar un método más sencillo y gratuito, podemos probar a modelar un cilindro con la tierra: se coge un poco de tierra, se humedece y se amasa con las manos. Se modela un cilindro de unos 3 milímetros de diámetro, el cual convertiremos en un círculo uniendo los dos extremos. Si estuviéramos modelando arcilla pura no aparecería ninguna grieta; por ello, si no aparecen grietas seguiremos modelando, en este caso un cilindro de 1 milímetro de diámetro. Si al cerrarlo no se agrieta, podemos estar seguros de que el suelo es arcilloso.

Los suelos arcillosos drenan mal el agua, debido a la pequeñez de sus partículas. Por ello se encharcan. Para solucionar el problema, un experto puede instalar tubos de drenaje. También se puede añadir al suelo arena y materia orgánica; así de paso mejoraremos su fertilidad.

Tipos de suelo
Imaginemos que tenemos un terreno virgen, en el que queremos cultivar hortalizas o crear un jardín. Para elegir las especies que se pueden plantar o sembrar hemos de tener en cuenta el clima del lugar, obviamente. Pero hay algo importantísimo que en muchas ocasiones olvidamos: el tipo de suelo con el que contamos.

Hay especies que prosperan solamente en un determinado tipo de suelo, con lo cual es imprescindible conocer las diferentes variedades del suelo, que dependen de su composición.

Suelo arenoso

Está compuesto por partículas grandes y sueltas, por lo que es una tierra que raramente se apelmaza. Por ello las plantas no suelen sufrir problemas de carencia de oxígeno, aunque sí de falta de agua, pues este tipo de tierra no retiene bien el agua. Para subsanar este problema basta con mezclar la tierra arenosa con material orgánico.

Suelo arcilloso

La tierra que lo compone es compacta, puesto que está formada por partículas pequeñas. Por este motivo es fácil que se apelmace. Es decir, el problema es el contrario del que tiene el suelo arenoso; sin embargo la solución es la misma: aportar material orgánico. También puede añadirse arena. El suelo arcilloso retiene bien el agua, por lo cual no hay que regarlo tanto como el arenoso. Hay que cavar la superficie cuando se vea que se forma una capa endurecida, como una costra; así las raíces respirarán mejor.

Suelo franco

Es un término medio entre los dos anteriores, lo cual lo hace muy apropiado para el cultivo.

Suelo de turba

Es la tierra típica de los bosques. Contiene un porcentaje muy alto de materia vegetal en descomposición, lo cual lo convierte en un suelo muy rico en nutrientes.

Un experto sabe a simple vista qué tipo de suelo tiene ante sí. Pero como no todos somos tan entendidos, puede ser una buena idea llevar a analizar una muestra del suelo que vayamos a cultivar. De todas formas, en posts siguientes os daré trucos para saber qué tipo de suelo tenemos.