Texturas del suelo del jardín
El suelo de jardín puede ser de diferentes texturas, y siempre está compuesto por tres partículas minerales de diferentes tamaños: arena, arcilla y limo. Cada partícula se divide en otras partículas, y la combinación de ellas en distintas proporciones hace que las plantas se puedan desarrollar. Esa mezcla es lo que se denomina textura, la cual varía en función de las partículas empleadas en la combinación.

Conocer el tipo de suelo con el que vas a trabajar es imprescindible ya que de la textura que tenga dependen sus propiedades físicas y, por lo tanto, su productividad. El suelo perfecto debe contener un 45% de minerales, un 5% de materia orgánica, un 25% de agua y el último 25% de aire. Debe estar también muy bien drenado y proporcionar los nutrientes necesarios para que las plantas puedan crecer como deben.

Tipos de texturas

– Franco: su textura es media, siendo una combinación de 45% arena, 40% limo y 15% arcilla. Sus condiciones físicas y químicas son las mejores y las más aptas para el cultivo.

– Turboso: es tierra vegetal descompuesta con un bajo contenido mineral y exceso de materia orgánica. Su gran ventaja es que no necesita materias productoras de humus, pero es demasiado ácido y tiene problemas en el drenaje, así que necesita mucha cal.

– Pedregoso: tiene partículas muy gruesas y su drenaje es muy bueno, pero no retiene bien ni los nutrientes ni el agua. Es un suelo en el que será difícil cultivar, y las plantas que mejor sobreviven en este suelo son las cerosas o con vellosidades.

Texturas del suelo del jardín
– Arenoso: tiene una textura gruesa con un 75% arena, un 5% arcilla y un 20% limo, lo que hace que se pueda airear muy bien. Absorbe muy bien el agua aunque no la retiene, filtrándose con facilidad hacia el fondo. Es un suelo que se seca con rapidez y no almacena bien el agua, por lo que necesita que el riego sea frecuente.

– Arcilloso: su textura es fina y le hace tener una alta retención de agua y nutrientes. Se compone en un 45% de arcilla, un 25% arena y un 30% limo. Su porosidad es baja y no tiene muchas posibilidades de aireación, además de que el drenaje es difícil y el suelo se puede encharcar fácilmente.