Tipos de fungicidas
Hace poco hablábamos de cómo mantener bajo control algunos de los problemas más comunes del jardín y os recomendábamos el uso puntual de productos como los herbicidas, los insecticidas y, en último término, de los fungicidas.

Estos últimos son esas sustancias tóxicas que se utilizan en jardinería para impedir o eliminar la propagación de los hongos y los mohos que consumen nuestras plantas y que pueden resultar perjudiciales tanto para los ejemplares en sí como para el resto de seres vivos del entorno.

Sin embargo, hablar de los fungicidas de una forma tan general no permite comprender del todo cómo funcionan, en qué casos o por qué están compuestos, entre otras cosas.

Cuando aplicamos los fungicidas para el suelo lo hacemos para controlar los hongos que perjudican los órganos subterráneos de las plantas o bien las semillas en proceso de desarrollo, pero cuando lo aplicamos en las plantas lo hacemos para controlar las enfermedades que afectan a sus principales partes como son tallos, hojas, flores y frutos.

En este último caso los fungicidas pueden clasificarse por su modo de acción en dos:

– Protectores: Son los conocidos como fungicidas de contacto, sustancias que actúan superficialmente pero que no penetran en el interior de la planta, por lo que actúan solamente donde han sido aplicados. Su función es frenar la germinación de los esporangios y hongos y evitar que penetren en las células.

– Erradicadores: A diferencia de los anteriores, los sistemáticos (así es como se les conoce) se utilizan para tratar a aquellas plantas que ya se encuentran afectadas por los hongos. En este caso el producto es absorbido por la planta y se transmite por todo su interior. Los erradicadores translaminares se transmiten en la misma hoja pero son incapaces de pasar de una a otra hoja.

La composición de estos productos también podría generar una extensa lista que hoy no es el momento de mencionar. No obstante, aquí te dejamos solamente algunos de ellos: Los hay de cobre, de mercurio, de zinc, de estaño, metálicos, carbamatos, nitricompuestos aromáticos o quininos, entre muchísimos otros.