Tipos de insecticidas
Mantener nuestros ejemplares en un estado óptimo de belleza y salud no es algo fácil, y es que no solamente debemos ser constantes con los cuidados que le proporcionamos sino que además debemos mantenernos siempre alerta con algunas de las afecciones internas o externas que pueden afectarles.

Aunque los hongos o las malas hierbas alrededor de las plantas de nuestro jardín pueden resultarnos de lo más molestos, no cabe duda de que son las plagas de insectos las que resultan más desagradables y perjudiciales.

¿La solución para eliminarlas? Los productos insecticidas.

Se trata de esos compuestos químicos ideados para matar a los insectos y erradicar por completo a las plagas mediante la inhibición de enzimas vitales. Recuerda que como su nombre indica son eficaces solamente contra los insectos, por lo que tus plantas no estarán a salvo de los ácaros (para ello debes utilizar acaricidas).

Estos productos podrían clasificarse según su modo de actuación en el mismo insecto en cualquier estado de su desarrollo (huevo, larva o adulto): Existen los insecticidas de ingestión (cuando se alimentan), los de contacto, los mixtos (con los dos anteriores) y los sistémicos.

La forma más efectiva es la introducción del insecticida en el interior de la planta con el fin de que los vasos conductores transformen a la planta en venenosa y eliminen la plaga.

Las cenizas, el azufre, el mercurio, el zinc o el cianuro de hidrógeno eran muy habitualmente utilizados hace años (de alta toxicidad), pero las investigaciones han permitido desarrollar insecticidas de segunda generación de mejor calidad. Pertenecen a las tres familias siguientes:

– Organoclorados: DDT, aldrin, endrin o lindano, por ejemplo. Son tóxicos, se aculmulan con los años en la tierra y se mantienen durante mucho tiempo.

– Organofosfatos: Malation, paration, etc. Duran días, se eliminan con la orina y resultan muy tóxicos para las personas.

– Carbamatos: Carbaril (servin) o propoxur (Baygon), por ejemplo. Son poco tóxicos aunque también poco persistentes (duran días).

También existen los conocidos bioinsecticidas, productos de origen natural y hasta organismos vivos (plantas, otros insectos, etc.) que sirven para controlar las plagas de forma natural.