Tipos de poda de árboles
La poda de un árbol es el proceso de recortarla con mucho cuidado para incrementar su desarrollo. Las razones más comunes para llevarla a cabo suelen ser la necesidad de eliminar las ramas muertas o envejecidas, el despeje de la copa del suelo, prevenir cualquier peligro en la vivienda o alrededores o la mejora de la salud del árbol.

Existen tres tipos de poda: de formación (durante los primeros años para obtener una estructura de ramas principales fuerte y bien distribuidas), de mantenimiento (durante toda la vida del ejemplar para eliminar elementos indeseables) y las excepcionales (reducen drásticamente el volumen de la planta).

Como norma, el mejor momento para acometerla es a finales del invierno (evitando las heladas) porque, al estar en letargo, la pérdida de savia es menor. En este momento, además, la diseminación de ciertos hongos es mínima ya que suelen estar más inactivos y, por último, se puede observar mejor la estructura del árbol. Esto no quiere decir que no se pueda podar en otras épocas si se trata de intervenciones muy ligeras o, en el caso de los que florecen en primavera, cuyo recorte se hará inmediatamente después de la floración. En algunas especies de frutales, el mejor momento es tras la recolección.

Es imprescindible que esta labor la realices con las herramientas adecuadas para que no se te estropee ninguna rama. El mercado nos ofrece una variedad suficiente para encontrar la que más se ajuste a tus necesidades. Siempre debes cuidar que estén perfectamente limpias, desinfectadas y afiladas. En cuanto al corte de la rama, un principio para no equivocarte es ver al árbol como un todo, decidiendo no solo por lo estético sino también prestando atención a la salud del ejemplar. Cada corte debe hacerse por fuera del collar de la rama y, si se trata de una muy larga, mejor descargarla primero de peso para evitar desgarros. Por último, no está de más tener a mano un producto cicatrizante, para aplicar en el caso de pérdidas de savia demasiado fuertes.