Tipos de suelo de nuestro huerto o jardín
La mayoría de los suelos naturales se clasifican a través de su contenido en arcilla, cieno y arena. El tamaño y la proporción de estas partículas minerales afectan al comportamiento físico y químico del suelo, y por lo tanto, condicionan la vegetación que podamos cultivar en él. Es importante aprender a distinguirlos para comprobar luego si se adaptan a las necesidades de las plantas que queremos cultivar en él o no.

Suelo arenoso: Es un suelo seco, ligera y de drenaje libre, fácil de cultivar pero no excesivamente fértil. Son aquellos que contienen menos de un 8 % de arcilla y en los que predominan las partículas de arena.

Turba: Es rica en materia orgánica, oscura, y conserva bien la humedad. Se forma en los lugares en que las condiciones de humedad y acidez evitan la descomposición completa de las partículas de materia orgánica, que por lo tanto permanecen encima o cerca de la superficie del suelo.

Arcilla: Suelo pesado de drenaje lento, pero con un alto valor de nutrición. Tienen más de un 25 % de partículas de arcilla y con característicamente húmedos y pegajosos.

Greda: La greda es pálida, poco profunda y muy pedregosa, de drenaje libre y moderadamente fértil. Es un suelo muy alcalino que permite la descomposición completa del material orgánico.

Cieno: Conserva la humedad, es razonablemente fértil y se compacta fácilmente. Son aquellos que contienen menos de un 8 % de arcilla y en los que predominan las partículas de cieno.

¿Cómo saber qué tipo de suelo tenemos? Hay que frotar una pequeña cantidad de suelo húmedo entre los dedos: un suelo arenoso tendrá un tacto arenisco, ni se pegará ni formará una bola; el tacto del suelo de cieno será jabonoso y se dejará imprimir marcas de dedos al apretarlo; un suelo arcilloso será pegajoso y podrá amasarse en forma de cilindro. La turba y la greda se identifican perfectamente por su aspecto y si color (muy oscuro en el caso de la turba, claro y seco en el de la greda).