Tipos de suelo
Imaginemos que tenemos un terreno virgen, en el que queremos cultivar hortalizas o crear un jardín. Para elegir las especies que se pueden plantar o sembrar hemos de tener en cuenta el clima del lugar, obviamente. Pero hay algo importantísimo que en muchas ocasiones olvidamos: el tipo de suelo con el que contamos.

Hay especies que prosperan solamente en un determinado tipo de suelo, con lo cual es imprescindible conocer las diferentes variedades del suelo, que dependen de su composición.

Suelo arenoso

Está compuesto por partículas grandes y sueltas, por lo que es una tierra que raramente se apelmaza. Por ello las plantas no suelen sufrir problemas de carencia de oxígeno, aunque sí de falta de agua, pues este tipo de tierra no retiene bien el agua. Para subsanar este problema basta con mezclar la tierra arenosa con material orgánico.

Suelo arcilloso

La tierra que lo compone es compacta, puesto que está formada por partículas pequeñas. Por este motivo es fácil que se apelmace. Es decir, el problema es el contrario del que tiene el suelo arenoso; sin embargo la solución es la misma: aportar material orgánico. También puede añadirse arena. El suelo arcilloso retiene bien el agua, por lo cual no hay que regarlo tanto como el arenoso. Hay que cavar la superficie cuando se vea que se forma una capa endurecida, como una costra; así las raíces respirarán mejor.

Suelo franco

Es un término medio entre los dos anteriores, lo cual lo hace muy apropiado para el cultivo.

Suelo de turba

Es la tierra típica de los bosques. Contiene un porcentaje muy alto de materia vegetal en descomposición, lo cual lo convierte en un suelo muy rico en nutrientes.

Un experto sabe a simple vista qué tipo de suelo tiene ante sí. Pero como no todos somos tan entendidos, puede ser una buena idea llevar a analizar una muestra del suelo que vayamos a cultivar. De todas formas, en posts siguientes os daré trucos para saber qué tipo de suelo tenemos.