trucos-contra-hormigas

Es cierto que las hormigas negras, rojas o amarillas ocasionan pocos daños. Pero no podemos subestimarlas, ya que pueden atacar a los semilleros de casi todas las plantas anuales, las vivaces pequeñas y la pradera de césped. Son fáciles de detectar, los síntomas de su presencia son evidentes ya que las plantas crecen despacio y pueden marchitarse al quedar dañadas sus raíces. Además, surgen montones de tierra que incluso sepultan a los ejemplares de desarrollo rastrero.

Su gran objetivo es el césped, donde las de color amarillo se dedican a llevar tierra a la superficie mientras construyen el hormiguero o agrandan sus nidos. El problema de los montones de tierra no es solo estético ya que afecta también a la siega. Además, cuando hagamos la siembra del nuevo césped las hormigas desenterrarán las semillas para llevarlas a sus hormigueros, lo que hará que la germinación no sea homogénea. Por eso, antes de sembrar, repartiremos unas cuantas semillas por el terreno y observaremos dónde las trasladan. Una vez descubierto su refugio incorporaremos una granulado antihormigas. Si no resultan excesivamente molestas puede bastar con blindar las semillas con insecticida, para que no las recojan.

A las hormigas les encanta el azúcar, de ahí que uno de sus aliados sea el pulgón. La melaza que segrega es tan apreciada por las hormigas que llegan a tener granjas de pulgones a los que protegen de otros enemigos. Podemos usar esto a nuestro favor para detectar a los pulgones, ya que a veces son difíciles de ver. Sin embargo existen otras especies con las que las hormigas no se llevan tan bien, como algunas avispas parásitas, las larvas de mariquitas y moscas neuróteras, y sobre todo la hormiga león.

Aparte de utilizar productos químicos para combatirlas podemos recurrir a algunas plantas que ayudan a proteger el jardín y el huerto de esta plaga. El cultivo de espliego, lavanda, tomillo, mejorana y caléndula las ahuyenta, de la misma forma que si cubrimos la zona afectada con hojas de tomate o helechos. Podemos probar a esparcir en torno a los hormigueros, y dentro de ellos, algas cálcicas, trampas de miel y agua caliente. En los troncos de los árboles aplicaremos una barrera de material pegajoso húmedo no tóxico, para evitar su paso.