
Aunque ya nos gustaría que así fuera, generalmente no podemos escoger exactamente cómo queremos que sea la tierra de nuestro jardín.
Esto se debe básicamente a que, por más que nos esforcemos en proporcionarle todo lo que necesita, la tierra tendrá unas características naturales que variarán en función de la zona en la que se encuentra y sus condiciones.
No obstante, es importante que tengas en cuenta cuáles son estas variables de los suelos para poder trabajar y mejorar la calidad de la tierra de tu jardín. Son las siguientes:
- pH: Es el grado de acidez o alcalinidad de la tierra. Sus principales vertientes son los básicos, los neutros y los ácidos, cada uno de ellos con distintos matices.
- Textura: Se define en función del tamaño de las partículas que tiene el suelo en cuestión. Hay 5 tipos: Arcillosa, arenosa, franca, franco-arcillosa y franmco-arenosa.
- Índice de humus: Es el que determina la riqueza de la materia orgánica del suelo. Cuidado, porque no toda la materia orgánica de la tierra tiene que ser necesariamente humus.
- Profundidad: Es muy importante tenerla en cuenta cuando pensamos en plantar algunos ejemplares, pues de ella dependerá que las raíces de determinadas plantas y árboles puedan desarrollarse o no.
- Mineralidad: Mediante un estudio podremos conocer el contenido en nutrientes minerales del terreno. Recuerda que todas las plantas necesitan tomar del suelo 13 elementos minerales para sobrevivir.
- Salinidad: Más habituales en los climas cálidos, estos suelos tienen un exceso de elementos salinos como los cloruros o los sulfatos, por ejemplo. ¿Las consecuencias? Ejemplares deshidratados a causa de que las raíces no pueden absorber el agua.
Teniendo en cuenta todo esto deberás tratar de adaptar la tierra a las plantas que te gustaría cultivar o bien plantar directamente solo aquellos ejemplares que puedan desarrollarse a la perfección en las condiciones que ofrece la que ya tienes.
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